El fantasma de la Primera Guerra Mundial, los abusos de los ganadores de aquella guerra, la crisis económica, el nacionalismo que pugnaba en los países ricos y el extremismo político en que calló presa Europa arrojaron al mundo hacia la Segunda Guerra Mundial.
El rearme de Alemania, principal protagonista de los sucesos que estaban por venir, comenzó oficialmente en marzo del 34 al anunciar Hitler públicamente que romperían las trabas impuestas por el tratado de Versalles; pero en realidad el rearme de Alemania llevaba fraguándose desde el mismo momento en que terminaba la Gran Guerra, cuando lo que quedaba de las fuerzas armadaas alemanas empezó a trabajar de cara al futuro.
Y ese futuro estaría motorizado, blindado y erizado de cañones, sin duda. Dio igual que la Sociedad de Naciones condenase el rearme alemán. Las potencias occidentales, debilitadas por la crisis económica y más preocupadas por el comunismo soviético que por las dictaduras europeas de extrema derecha, dejaron hacer.
Fue en la década de los treinta cuando se construyó la monumental organización armada que se lanzaría sobre sus vecinos como una marea centroeuropea. Pero antes del anuncio de Hitler los militares ya preparaban la nueva Wermacht. A principios de la década fomentaron la construcción de un tanque ligero, el panzer I que, como una especie de juguete, debía servir para tomarle el pulso a la guerra acorazada, diseñar lo que serían las futuras divisiones acorazadas y determinar las características de los tanques verdaderamente operativos, que se construirían más tarde.
Los resultados de aquellos experimentos hicieron llegar a los expertos a la conclusión de que las fuerzas acorazadas del futuro debían disponer de dos carros de combate principales, uno diseñado para enfrentarse a otros tanques (el futuro panzer III) y otro para ofrecer apoyo directo a la infantería (el futuro panzer IV).
Estos planes no llegaron a funcionar realmente, pues el panzer III se quedó anticuado a medida que avanzaba la guerra, y el panzer IV, debido a su robustez y versatilidad, se convirtió en el carro de combate principal del eje.
Pero eso ocurriría mucho tiempo después. Por el momento, en la década de los treinta, cuando Hitler anunciaba la improcedencia del Tratado de Versalles, existía un problema: el ejército, que crecía y se armaba rápidamente, estaba siendo equipado con el diminuto panzer I mientras sus futuros sustitutos seguían en estado de desarrollo, muy lejos todavía de entrar en la línea de montaje.
Y esto era un problema, pues debido a su escaso blindaje, su reducido tamaño y su débil armamento de dos ametralladoras, el panzer I prácticamente entraba en la categoría de tanqueta. El ejército no podía permitirse seguir equipando a sus divisiones únicamente con tanquetas. Necesitaban un tanque ligero operativo, apto para el combate, el entrenamiento y producido en masa, y lo necesitaban ya.
Así es como surgió el Panzerkampwagen II (carro de combate acorazado, modelo II), un tanque ligero de transición que, sin embargo, debido al estallido prematuro de la guerra, acabó protagonizando las más grandes victorias de la Wermacht en Europa.
Para el diseño se realizó un concurso entre las grandes empresas alemanas de manufactura industrial. Krupp, MAN, Henschel y Daimler-Benz presentaron sus prototipos, todos ellos basados en el panzer I para acelerar el proceso de diseño y facilitar su construcción en masa. El ejército evaluó las opciones que se le presentaban y acabó eligiendo el chasis de MAN y el casco de Daimler-Benz.
El nuevo carro de combate incluía importantes mejoras con el fin de suplir las carencias del panzer I, así como avances tecnológicos que supusieron un adelanto de lo que más tarde serían las características de los carros de combate de los años cuarenta.
El panzer II portaba una moderna ametralladora MG34 y un cañón KwK 30 L/55 de 20 mm (sustituido en versiones posteriores por otros más modernos), coaxiales e instalados en una torreta giratoria. Los cañones de ese calibre eran un buen elemento anti-blindaje a mediados de los años treinta, pero quedaron desfasados rápidamente. Únicamente el empleo de las novísimas municiones cinéticas (proyectiles de materiales muy densos, como el tungsteno, que se disparan en trayectorias de tiro tenso) pudo ampliar la vida útil de estas armas. Si los tanquistas de panzer II tenían muchas dificultades para atravesar los blindajes aliados durante la batalla de Francia, no digamos años después, ya en el norte de África, donde los robustos matildas británicos eran completamente invulnerables al fuego de estos cañoncitos.
Todos los modelos de serie del panzer II incluían un equipo completo emisor-receptor de radio, lo que dotaba a las divisiones panzer de unas comunicaciones excelentes y una coordinación y velocidad de respuesta muy superior a la de sus enemigos.
Aparte, la velocidad del panzer II suplía lo anticuado que quedó su armamento. Era un blindado ligero que podía mantener una velocidad media de 40 km/h y tenía un rango operacional de doscientos kilómetros. Estas prestaciones no eran espectaculares, pero en buenas manos resultaron ser más que adecuadas para las misiones de ruptura del frente y envolvimiento del enemigo que requerían las nuevas doctrinas.
El punto débil en el diseño del panzer II fue el blindaje. Cuando se proyectó, antes de la Guerra Civil Española, se creía que un blindado debía estar protegido por planchas delgadas y ligeras, capaces resistir los cascotes, la metralla y el fuego de armas ligeras. Las experiencias en el campo de batalla contradijeron estas creencias, dejando bien claro que un tanque moderno tendría que resistir impactos directos de cañón para sobrevivir. Mientras las versiones tempranas A, B y C disponían de una coraza bastante discreta (14 mm en su parte más gruesa), en modelos subsiguientes el blindaje fue aumentado hasta los 30 mm en el frontal del casco y la torreta, y 20 mm en los costados. Unas cifras razonablemente buenas para un carro de su tamaño. Incluso se llegaron a construir 22 unidades de una versión (Ausf. J) con unos impresionantes 80 mm de grosor en la parte más gruesa del blindaje.
El panzerkampfwagen II era pequeño y compacto. El chasis, de planta rectangular, era bajo y macizo, y de sus costados sobresalían dos gruesos cobertores, en los que quedaba encajado todo el sistema de cadenas, que apenas sobresalía por delante ni por detrás del vehículo. Esto daba a todo el conjunto un aspecto de cubo sólido. Las versiones de desarrollo de los años treinta usaban una suspensión primitiva y poco eficaz con un andamio exterior. Los modelos producidos en serie A, B y C funcionaban con una suspensión de ballestas muy característica en forma de L, y los modelos más modernos con una elegante suspensión Christie, para la que no son necesarias ruedecillas de recuperación.
La superestructura del panzer II era cuadrada. Se levantaba en un escalón vertical hacia 1/5 del chasis desde el frente y terminaba de igual manera poco más allá de la mitad de la longitud del chasis. En el amplio espacio despejado posterior había una prolongación inclinada de la superestructura, desde la que se podía acceder al motor a través de una portezuela.
Una torreta angulosa y masiva, de estilo alemán, coronaba al vehículo ocupando la práctica totalidad de la superficie sobre la casamata central. Desde el mantelete asomaban el recto y delgado cañón de 20 mm y la amenazante boca de la ametralladora.
El panzer II empezó a producirse en 1936, pero no llegó a participar en la guerra española. Pronto los hubo en número suficiente como para servir como tanque de mando a nivel de pelotón. Sin embargo, no fue hasta los años 37-38, con las versiones c, A, B y C, que empezó la producción en serie para armar a todo el ejército.
En 1938 los panzer II participaron en el Anchluss, la anexión de Austria por Alemania, y en la ocupación militar del occidente checoslovaco, cuando ésta nación fue desmembrada por Hitler y repartida entre sus vecinos.
En 1939 Hitler volvió a arremeter agresivamente en política exterior. Esta vez la crisis se centraba en Polonia. El dictador esperaba que las potencias occidentales se amedrentasen, como llevaban haciendo una década, pero esta vez no ocurrió, y estalló la guerra.
Durante la operación Fall Weiss (Caso Blanco, la invasión de Polonia por parte germana) las fuerzas acorazadas del Reich sumaban cerca de 3.000 tanques, de los que más de la mitad se arrojaron sobre Polonia. La mayoría de estos aparatos eran panzer II de diferentes versiones. La victoria fue fulminante, cayendo el país invadido en dos semanas, con una pérdida de unos 80 vehículos panzer II.
Durante lo que se llamó la «guerra de confetis», Inglaterra y Alemania se disputaron el acero Noruego. Los germanos se adelantaron con una operación fulminante en la que participaron una veintena de panzer II, tanto en el desembarco en Escandinavia como en la ocupación de Dinamarca.
En mayo de 1940 empezó la fulminante carrera para superar las defensas continentales francesas. En la operación Fall Gelb (caso amarillo, la invasión de los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Francia por parte germana) se emplearon unos 900 panzer II (aproximadamente un 40% de las fuerzas acorazadas alemanas que intervinieron en la batalla de Francia) que en su mayor parte cumplieron misiones de tanque de combate, a pesar de estar tecnológicamente desfasados.
Después de la caída de Francia los panzer II fueron relegados y modificados para cumplir misiones secundarias en retaguardia: como carros de entrenamiento, cañones autopropulsados, municionamiento, etc... y en el frente de batalla como vehículos de caballería ligeros y de reconocimiento, además de entrar en acción las unidades convertidas en caza-tanques.
300 Panzer II participaron en las rápidas operaciones de intervención en los Balcanes.
En 1941 800 panzer II fueron desplegados en la operación Barbarossa (invasión de la URSS por parte germana) como tanques de reconocimiento rápido preparados para sobrevivir en condiciones extremas de combate. Las bajas se sumaron rápidamente y no llegaron a ser reemplazados completamente en ningún momento.
Los Afrika Korps de Rommel recibieron al principio algunos panzer II, que fueron usados hasta el límite de sus capacidades debido al aislamiento de este frente. La falta de comunicaciones con Europa por culpa del control británico del mediterráneo obligó a los Afrika Korps a luchar con todo el material disponible, aunque muchas veces fuese inadecuado o desfasado, hasta su rendición definitiva en Túnez en 1943.
| Tripulación | tres |
| Peso | 9,5 Tm |
| Longitud | 4,81 m |
| Anchura | 2,28 m |
| Altura | 2,02 m |
| Motor | Maybach HL 62 TRM a gasolina de 6 cilindros y 140 cv |
| Arma principal | un cañón KwK 30 L/55 de 20 mm |
| Arma secundaria | una ametralladora MG34 de 7,92 mm coaxial al cañón |
| Coraza más gruesa | 16 mm en el mantelete del cañón; 14,5 mm en el frontal del casco y la torreta |
| Coraza más delgada | 10 mm en la cara superior del casco y la torreta |

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